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El poder de los derivados lácteos

La leche es fundamental para mantener una dieta equilibrada y saludable. Además de ser una de las principales fuentes de calcio, aporta proteínas, vitaminas y nutrientes. Una porción de este líquido -que equivale a un vaso de 200 mililitros aproximadamente- puede aportar entre seis y siete gramos de proteína y 250 miligramos de calcio. Es también un alimento polifacético, es decir, con varios derivados. 

La nutricionista Alejandra Hernández explica que la importancia de consumir derivados lácteos radica en que “por su aporte de proteína y calcio, ayudan al desarrollo y mantenimiento de una buena masa muscular y ósea, sobre todo en los niños. Aunque no son la única fuente de calcio que hay en la alimentación, sí son una asequible, con costos moderados y un contenido nutricional alto”. 

Con respecto a los derivados grasos (queso crema, crema de leche y mantequilla), advierte, “aunque el cuerpo sí necesita las grasas saturadas que estos aportan se deben consumir con moderación. Lo ideal es no excederse del siete por ciento del requerimiento de calorías diarias de grasas saturadas”.

Yogurt

Este producto se obtiene de la fermentación de la leche (por eso su textura). Es un derivado lácteo rico en vitamina B12, fósforo y selenio. Además contiene probióticos, bacterias que ayudan al buen funcionamiento del intestino. 

De acuerdo con Hernández es importante evitar un excesivo consumo de yogures con altas cantidades de azúcar añadido y ojalá optar por los que vienen solo con el azúcar de la leche. Para cerciorarse de ello revise en el etiquetado que no diga “azúcar añadida”.

Quesos

Aunque son una fuente de proteína y calcio, su aporte nutricional depende del proceso con el que se fabriquen. Entre más blandos, blancos y acuosos sean, asegura Hernández, su concentración de proteínas será mayor y la de grasa menor. Algunos ejemplos de ellos son la cuajada, el queso campesino y el fresco. Y entre más amarillos y duros –como el doble crema y los quesos maduros–, su composición de grasa será más significativa. Para aquellas personas que buscan cuidar su salud cardiovascular, la recomendación es optar por los primeros. 

Mantequilla, crema de leche y queso crema

Son una buena opción para las personas con bajo peso, desnutrición o que han perdido el apetito: su alta densidad energética ayuda a aumentar el aporte calórico de los alimentos y su sabor.

Aunque todos debemos consumir estos productos con moderación, las contraindicaciones son especialmente para quienes sufren enfermedades cardiovasculares o están en riesgo de desarrollarlas. En estos casos es importante que la ingesta de las grasas no exceda el siete por ciento del requerimiento de las calorías diarias. 

Postres y helado

A pesar de que estos productos también aportan nutrientes propios de la leche, hay que tener cuidado con el azúcar y consumirlos con moderación. Al igual que con los quesos, la nutricionista Alejandra Hernández da unos ‘tips’ para seguir disfrutando de estos productos que tanto gustan. Por un lado, es importante no consumirlos todos los días, sino ocasionalmente. Además, la experta invita a buscar opciones con endulzantes no calóricos, inclinarse por las porciones pequeñas o compartirlos con alguien más para disminuir la cantidad que se come.

En conclusión, el consumo de leche y de sus derivados lácteos es importante para la salud y hay que incluirlos en la alimentación diaria por sus beneficios para los músculos, huesos y por ser fuentes de energía. Las personas con enfermedades cardiovasculares y obesidad pueden buscar las opciones bajas en grasa, es decir, los productos descremados. Aún así, recordemos que cada organismo es diferente y por eso es importante tomar las decisiones con la asesoría de un experto. 

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