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Porciones, claves para la buena salud

Aprender a alimentarse de manera sana y balanceada no es una tarea fácil. Todos los seres humanos somos distintos, nuestros cuerpos son únicos y, por ende, las cantidades que requerimos de cada alimento varían en cada persona. 

Tanto la Organización Mundial de la Salud como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) coinciden en que las porciones adecuadas de cada alimento dependen del género, la edad, la composición corporal, la estatura y de qué tan activa sea una persona en su vida cotidiana. 

Felipe Gómez, médico del deporte, lo ilustra con el siguiente ejemplo: dos mujeres de 40 años que hacen actividad física tres veces a la semana deben consumir diferentes porciones de alimentos. ¿Por qué? Porque a pesar de tener la misma edad y una vida activa, su porcentaje de músculo, grasa, composición corporal, entre otros factores, varían. 

Por eso, enfatiza Gómez, “al momento de hacer recomendaciones alimentarias el profesional de la salud, que en este caso debe ser un nutricionista, debe tener en cuenta cada uno de los factores mencionados. Es necesario individualizar la dieta”. 

Solo de esta forma es posible lograr un balance entre lo que se come y la energía que se gasta al día. Y ese equilibrio es el que permitirá sentirse y verse bien. 

Sin excesos 

Al igual que el descanso y el ejercicio, la alimentación es uno de los pilares básicos para una buena salud. En la medida en que las porciones que se consumen sean las adecuadas –es decir, suficientes, variadas y acordes a las necesidades de cada persona–, las probabilidades de mantenerse sano aumentan. Mientras que una alimentación deficiente incrementa las posibilidades de sufrir alteraciones del peso, colesterol alto, problemas en el estado nutricional y de desarrollar enfermedades como la diabetes y la hipertensión. Y hay más riesgos. 

Victoria Pérez, médica psiquiatra especialista en trastornos alimentarios, explica que “si las porciones no son las adecuadas por déficit, vamos a incurrir en los riesgos de una alimentación insuficiente. No siempre va a ser desnutrición. Pero sí puede llevar, por ejemplo, a diferentes circunstancias emocionales. Hoy en día uno de los detonantes que puede disparar la depresión, la ansiedad, la irritabilidad y los cambios de comportamiento son las dietas restrictivas”.

De igual forma, trastornos alimentarios como la anorexia en muchos casos empiezan con una dieta que restringe algún grupo de alimento o sus cantidades. No obstante, puntualiza Pérez, “consumir las porciones adecuadas no garantiza que se evitará el riesgo de enfermedad o de trastorno alimentario, pero sí disminuye las posibilidades”

Cuando se cae en el exceso también se generan problemas usualmente asociados al sobrepeso y la obesidad. Así mismo, existe el riesgo de comportamientos adictivos a través de los cuales se busca en la comida un alivio a dificultades emocionales. 

Consejos para porcionar adecuadamente

  • Aprender a leer la tabla de información nutricional de los alimentos
  • Elegir correctamente los productos que van a consumirse
  • Enseñar a los hijos sobre porciones y valores nutricionales
  • Crear reglas y pautas de alimentación en el hogar

Fuente: ‘Nestlé Contigo’

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